Podología · Terrassa

¿Duele la EPI? Lo que se siente de verdad, durante y después.

Es la pregunta que frena a más pacientes, y casi siempre se responde con un «no te preocupes» que no tranquiliza a nadie. Te lo cuento con detalle: qué se nota, cuánto dura y qué pasa los días siguientes.

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Cuando explico en consulta que el siguiente paso puede ser una EPI, la reacción es siempre la misma: la persona mira la aguja en la pantalla del ecógrafo y pregunta si duele.

La respuesta honesta es que se nota, y se nota bastante, pero no de la forma que la gente imagina. Y como el miedo suele venir de no saber qué esperar, aquí va la descripción completa.

Qué se siente durante la sesión

Lo primero que sorprende es que el pinchazo de la aguja casi no se nota. Son agujas muy finas y la entrada es lo de menos.

Lo que sí se siente es la corriente, y la descripción que repiten los pacientes es bastante constante: un calambre o quemazón profundo, muy localizado, en el punto exacto de la lesión. No es un dolor punzante ni superficial. Es más parecido a una agujeta muy intensa concentrada en un sitio pequeño.

El detalle que lo hace llevadero: la corriente se aplica en impulsos cortos, de unos pocos segundos, no de forma continua. Entre impulso e impulso la sensación desaparece casi del todo. Así que no es un dolor sostenido durante veinte minutos, sino una serie de picos breves con pausas.

Y algo que conviene saber: la intensidad la controlamos nosotras y se adapta a ti. Si en algún momento es demasiado, se baja o se para. No hay ningún motivo para aguantar en silencio, y decirlo no estropea el tratamiento.

Un detalle curioso

Mucha gente nota que el calambre es más intenso justo donde está la lesión y mucho menos en el tejido sano de alrededor. No es casualidad: el tejido degenerado responde distinto. De hecho, a medida que avanzan las sesiones y el tejido mejora, bastantes pacientes notan que molesta menos. Esa reducción es, en sí misma, una señal de que algo está cambiando.

Qué pasa después, hora a hora

MomentoQué es habitual
Al terminarSensación de alivio y algo de calor en la zona. Se sale caminando con normalidad.
Primeras horasMolestia difusa, parecida a una agujeta. A veces ligero enrojecimiento.
24-48 horasEs cuando más molesta. Dolorimiento al apoyar, sobre todo por la mañana.
A partir del tercer díaBaja progresivamente. A veces aparece un pequeño hematoma, que es normal.
Entre sesionesSe hace la pauta de ejercicios. Es la parte que consolida el resultado.

Ese dolorimiento de las 48 horas no es un efecto secundario indeseado: es la señal de que el tejido ha respondido. Recuerda que la técnica busca reactivar la reparación, no apagar la inflamación. Lo explico entero en la guía de EPI e infiltraciones en el pie.

Sí, después de la sesión

  • Hacer vida normal y caminar.
  • Aplicar frío si molesta mucho las primeras horas.
  • Hacer los ejercicios pautados en los plazos indicados.
  • Avisar si algo no encaja con lo esperado.

Mejor evitar

  • Entrenar fuerte o correr las 48 horas siguientes.
  • Tomar antiinflamatorios por tu cuenta: frenan el proceso buscado.
  • Calor local, sauna o baños muy calientes el primer día.
  • Saltarte los ejercicios porque la zona molesta.

Lo del antiinflamatorio merece subrayarse, porque es lo que haría cualquiera por instinto. Si la EPI busca provocar una respuesta reparadora y tú la apagas con un ibuprofeno, estás trabajando en contra del tratamiento que acabas de pagar. Si el dolor es difícil de llevar, dilo y se busca otra forma de manejarlo.

¿Lo que te frena es el miedo a la aguja?

Pregúntanos lo que quieras antes de decidir nada. Explicarlo bien es parte del tratamiento.

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Qué no es normal

Casi todo lo descrito arriba entra dentro de lo esperable. Estas señales, en cambio, piden una llamada:

  • Dolor que aumenta a partir del tercer día en lugar de ir bajando.
  • Enrojecimiento que se extiende, calor marcado o secreción en el punto de entrada.
  • Fiebre.
  • Hormigueo o pérdida de sensibilidad que no estaba antes.
  • Hematoma muy grande o que crece rápido.

Son poco frecuentes, pero conviene tenerlas claras de antemano y no pasar el fin de semana dudando.

Por qué la ecografía cambia la experiencia

Una EPI hecha con el ecógrafo puesto no solo es más segura: molesta menos. La aguja va directa al punto, no hay que buscar a tientas, no se atraviesa tejido sano sin necesidad y la sesión dura menos.

Por eso, si te ofrecen una EPI sin control ecográfico en cualquier sitio, esa es la pregunta que debes hacer antes que la del dolor.

¿Y si no quiero agujas?

Es una respuesta perfectamente válida y se dice sin problema. Hay alternativas, y en bastantes casos son el paso previo lógico: las ondas de choque no usan aguja y resuelven muchos cuadros crónicos. Y si el origen del problema está en cómo apoyas, a veces lo que de verdad hace falta es un estudio biomecánico y corregir la carga, no tratar el tejido.

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Preguntas frecuentes

¿Se pone anestesia para la EPI?

Habitualmente no. La molestia viene de la corriente, no del pinchazo, y anestesiar la zona impediría usar la respuesta del paciente como referencia para ajustar la intensidad. Precisamente esa información es lo que permite adaptar la sesión a cada persona.

¿Cuánto dura la molestia después de una sesión?

Lo habitual es un dolorimiento parecido a una agujeta que alcanza su punto máximo entre las 24 y las 48 horas y baja a partir del tercer día. Si en vez de bajar va a más, hay que consultar.

¿Puedo trabajar o entrenar después?

Se puede hacer vida normal y caminar desde el mismo día. Lo que conviene evitar durante las primeras 48 horas es el entrenamiento intenso o correr, para dar margen a la zona tratada.

¿Puedo tomar ibuprofeno si me molesta?

Mejor no por tu cuenta. La EPI busca activar una respuesta reparadora y los antiinflamatorios pueden interferir con ella. Si la molestia es difícil de llevar, lo correcto es avisar y buscar juntos otra forma de manejarla.

¿Duele menos en las siguientes sesiones?

Muchos pacientes lo notan así. A medida que el tejido mejora, la sensación de calambre suele ser menos intensa en la misma zona. No es una regla fija, pero es un patrón bastante repetido.

Andrea Guzmán, podóloga en Terrassa

Andrea Guzmán

Podóloga · Colegiada nº 838082138

Fundadora de Cinc Dits, clínica de podología en el centro de Terrassa y centro colaborador de CatSalut. Especialista en biomecánica y tratamiento del dolor del pie.

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